Sagardi, o las mejores tapas de Buenos Aires

Una opción española en la Capital Federal
Una de las tapas estrella

La tapa es una costumbre tan española como la paella, la tortilla o el jamón ibérico, pero sin duda es la más amigable para el jolgorio y las rutas gastronómicas.

Bajo esta premisa y en el contexto del Día Mundial de la Tapa, no pudimos frenar la tentación de deslizarnos hasta Sagardi y entregarnos a sus pintxos, de la mano de Juani Fuoco, el máximo responsable de la sucursal porteña.

“Normalmente tenemos más de 60 tapas cada día y dejamos que el cliente elija las que prefiera”, asegura a los pies de una larga barra con gente agolpada a sus cristales. El sistema de Sagardi lo firmaría cualquier taberna vasca: acompañado de una cerveza o una copa de vino, el cliente se zambulle en un mar de pintxos variados, consume los que quiere y, cuando el paladar dice basta, se recuentan los palitos y se cobra en consecuencia.

‘’Para el evento de la tapa queríamos preparar opciones que destacasen las raíces y costumbres vascas’’. Intrigados por tal declaración, comprobamos que Fuoco no estaba de broma: la primera, con queso brie, tomate confitado, mermelada de manzana y mayonesa de albahaca, quería homenajear los colores de la ikurriña (la bandera vasca); la segunda, con pan de masa madre, bacalao confitado, berenjenas ahumadas, cebolla morada caramelizada y mojo verde, pretendía reflejar la importancia del pescado en la dieta del norte; y, por último, las gildas (con olivas negras, salmón ahumado y pimiento asado), unas banderillas típicas de la ruta gastronómica vasca.

El trato es más que apetecible: por dos de estas tapas (u otras de la carta) y una copa de vino o cerveza, el comensal desembolsa 100$. Un precio irrisorio cuando Fuoco nos desvela el gran secreto. ‘’El Uco Acero, vino con el que hacemos la promoción, es producto de los viñedos que la familia Sagardi posee en Mendoza, se producen unas 20.000 botellas al año’’. No se hable más, ponga dos para llevar. Parece que el combate termina, pero a Fuoco le queda el golpe maestro: los postres. ‘’Cambiamos la carta recientemente, ya hacía falta, la idea es alterarla cada 6 meses’’. Y así, entregados a una divina marquise de chocolate, le damos la razón a Fuoco: comer en Sagardi es como hacerlo en el País Vasco.

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